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Espiritualidad
La espiritualidad de este santuario está marcada por la asistencia de miles de fieles devotos que acuden puntualmente cada año a pagar una promesa o implorar un milagro a la Virgen. Miles de personas, cada año, provenientes de diversas partes del país, especialmente Iquique, Antofagasta y Arica asisten a rendir homenaje a la Virgen y admirar los bailes y trajes que allí se muestran.
• Fiesta:
16 de julio, pero las celebraciones abarcan una semana del 8 al 17 de julio por lo general. Muchos peregrinos viajan decenas de kilómetros, otros avanzan de rodillas, en un doloroso recorrido sobre el suelo de tierra. Y nadie le da jamás la espalda a la Virgen.
Llegando al pueblo lo primero que se hace es la fila para a besar, tocar y santiguarse frente a la imagen de la Virgen del Carmen que está en la Iglesia. Hasta allí le alzan niños y bebés para que los toque y le prenden billetes al manto.
Innegablemente, los protagonistas de esta celebración son los bailes religiosos. Están formados por más de un centenar de cofradías, cada una compuesta de decenas de promeseros encargados de bailar durante toda la fiesta, en forma programada e ininterrumpida.
La principal característica de la fiesta de La Tirana y causa principal de su atractivo es el sincretismo cultural que se produce al combinar símbolos cristianos con ritos indígenas, el fervor católico con las tradiciones andinas, creencias de origen histórico y fantasía popular.
Existen muchas versiones acerca de las raíces de los bailes que allí vemos, pero existen por lo menos tres vertientes claras: los ritmos ancestrales de ceremonias incas, del carnaval chino y las diabladas. Las primeras corresponden a imitación de las aves para pedir lluvia.
Como se sabe numerosos chinos fueron traídos por las empresas salitreras inglesas para trabajar en la pampa y ellos trajeron su carnaval consigo. Los "bailes" se llaman "bailes chinos" en la lengua popular del norte y "chino" quiere decir servidor.
Las diabladas, por otro lado, surgieron en 1818, en Oruro, Bolivia, en torno al santuario de la Virgen del Socavón, patrona de los mineros.
Los bailes religiosos tienen una organización que a veces parece imperceptible, pero que es cumplida cabalmente por los participantes. Por ejemplo, cada grupo tiene un número para entrar al templo y su recorrido por el pueblo está predeterminado por el "caporal" de cada cofradía.
Cada conjunto sólo puede cantar cuatro estancias en la Iglesia: pueden ser "las entradas"; "las adoraciones"; los "buenos días"; "las buenas tardes"; las "buenas noches" o las "retiradas".
Los bailes ingresan por Cruz del Calvario, en la entrada de la calle principal del pueblo, desde donde empiezan a cantar y bailar hasta que llegan a la explanada principal frente al templo.
En la entrada los versos cambian de carácter y comienzan a saludar a la Virgen. Luego entonan la "despedida" y salen de allí bailando pero retrocediendo, sin darle nunca la espalda a la Virgen. Cumplido el saludo, comienza el baile propiamente tal, en la explanada.





